jueves, 31 de diciembre de 2009

Un año da para mucho

Se acaba el 2009. Como todo fin de año, dejamos atrás muchas cosas, algunas buenas y otras tantas malas:

Vivimos la pomposa investidura de Barack Obama como presidente de los EEUU. Aquel 20 de enero, muchos descubrieron extasiados en este hombre de tez oscura y porte de gentleman el futuro salvador de la economía mundial. Sus palabras, que parecían dar una solución a todo problema en el mundo, cautivaron los patrióticos corazones americanos, que no dudaron un segundo en lanzarse a las urnas para auparlo hasta el trono presidencial. A día de hoy, Barack tiene un par de méritos que hay que reconocerle. El primero es el de crear un eslogan presidencial con tanto gancho como el redundante “Yes we can”. Perdí la cuenta de las veces que escuché la dichosa frase. Se hicieron canciones, se escribieron poemas, todo por concienciar a los votantes de lo honrado de sus actos. El segundo éxito en su haber es que le dieron un premio Nobel. ¿De qué era? ¡Ah sí! De la paz… No me cuesta acordarme de ello, porque suelo reírme bastante cada vez que me acuerdo de la situación: con una mano recogiendo el premio, con la otra señalando fijamente el destino a sus tropas, que a pesar de las muchas promesas, no han parado de marchar hacia Afganistán.

Fuimos testigos de la reunión del G-20 y de sus “apabullantes” consecuencias (se ruega al lector que perciba la ironía). Puede que haya que darle tiempo al asunto para que funcione, pero el ser humano en general no se caracteriza por su paciencia en estos asuntos. Lo que sí hemos de recordar es que (redoble de tambores)… ¡ESPAÑA ESTUVO EN LA CUMBRE! “¡Brindemos con cava (el champán para Laporta), que Sarkozy nos ha “colao” en el G-20!” debió pensar Zapatero. Con o sin “Sarkosilla”, el caso es que allí estuvimos. Zapatero, casi como Julio Cesar, llegó, vio… y se largó. Entre medias por supuesto, también posó para la foto, que es lo que mas ilusión hacía.

Contemplamos la visita del Papa a África, la primera desde su nombramiento, y escuchamos atónitos sus funestas palabras en contra de los medios anticonceptivos”. Y es que Ratzinger (vaya nombre, siempre lo confundo con Mazinger, el robot “manga” de los ’80) aseguró que la solución para el Sida, que tan fuertemente azota el continente africano, no eran los preservativos, sino “la humanización de la sexualidad” así como "una renovación espiritual". Pues me parece que va a ser él en persona quien vaya a convencer a los morenitos de que el coito está mal, que hay que renovarse espiritualmente. Una situación incómoda donde las haya, se le iban a poner de corbata, o mejor dicho, de alzacuello. De seguir mis recomendaciones, esperemos que corra igual que rece, porque como le pillen le va a faltar cielo para dar vueltas, nunca mejor dicho.

Recordaremos con tristeza a los pasajeros del vuelo 447 de Air France. Venían de Río de Janeiro aún con la samba en el cuerpo, y el atlántico se los tragó. Aún hoy en día se desconocen las causas de aquel terrible accidente, y ya es nula la esperanza de las familias de los desaparecidos. Alrededor de 50 cuerpos se encontraron de los 216 pasajeros que se encontraban a bordo. Durante los primeros meses, se intentó localizar la situación de las cajas negras del avión, para dar así una explicación a la tragedia, pero las autoridades acabaron por desistir ante la imposibilidad de su propósito. Quedó demostrado que la serie “Perdidos” no es más que eso, pura ficción.

En lo deportivo, ¿qué decir, entre tantos y tan grandiosos eventos?: El extraordinario Barcelona de las 6 copas (un tormento para todo madridista, mala época la que nos ha tocado vivir), el megaproyecto “galáctico” de Florentino Pérez, que regresaba al Real Madrid con la ambición por las nubes y la cartera repleta. El prodigioso corredor Usain Bolt, que demostró su condición inhumana al batir todo lo posible a ritmo de zancada Jamaicana. La selección española de baloncesto, que para “orgullo y satisfacción” de un país entero volvieron del Europeo de Polonia con el oro colgado al cuello. Nuestros chicos de la Davis, que mostraron al mundo el mejor momento de forma del tenis español…

Y tantas otras cosas que me dejo en el tintero, y que este año ha plasmado en la memoria: la tantas veces nombrada crisis económica, las elecciones vascas y gallegas, la fraudulenta elección de Ahmadineyad como presidente de Irán, el pedazo de año que Berlusconi se ha pegado y que reflejé en mi columna de la semana pasada, el descubrimiento de la temida gripe A (antes gripe porcina), las pruebas nucleares de Corea del Norte, que dejaron al mundo con el miedito en el cuerpo… un sinfín de hechos que han hecho de este año, el 2009, un año peculiar como tantos otros.

Ahora ya sólo nos queda mirar hacia el nuevo año, el 2010. Por favor les pido que ustedes se limiten a comerse las uvas en paz, sin sobresaltos. Será una tarea ardua como pocas por las circunstancias que pueden darse: los sobrinos como locos, gritando, saltando y destrozando todo lo que encuentren en su camino. Quién tuviera un látigo de esos del antiguo Egipto, con seis puntas… me quedaba solo, ya se lo digo (como me lea el protector del menor, lo llevo claro). El listo/a de turno con la cámara de vídeo toda la noche, “para la posteridad” (total, para qué, si siempre acabas avergonzándote de lo que graban). Lo mejor para esto es meter dicha cámara en la olla de la sopa, y dejarla flotar, cual submarino japonés. Y para amenizar la fiesta, la música ambiental de fondo con los mejores villancicos tradicionales interpretados por cualquier coro de niños cantores, que bien podrían ser sustituidos por un gato atropellado, la diferencia es mínima.

En cualquier caso, ustedes hagan caso omiso a las condiciones ambientales y sean un poco más egoístas, que con el año que se nos viene encima falta hace ¡Les deseo un próspero año nuevo, y una feliz salida y entrada de año!

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